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papirosen

Por Mónica Delgado

Cartografías de la afectividad o diferentes sensibilidades desde lugares resignificados, hombres y mujeres en tránsito o lugares ajenos al origen que cobran una visión extraña desde la distancia. Bajo el nombre de «diálogos de culturas» es que el portal Mubi ofrece hasta el 14 de noviembre una serie de películas en festival que tienen en común precisamente pertenecer o nacer del corazón de diversas crisis políticas pero también desde miradas interiores al ser y a su localización. Así, en esta muestra se hallan películas que marcan un claro discurso de filiación (un francés en medio de una demanda popular en Madrid) o de la tensión entre el sentimiento de arraigo/desarraigo (un palestino que vive en Dinamarca pero que recuerda su infancia y adolescencia en un refugio a través de videos).

Lo que también se debe celebrar de esta iniciativa es que se trata de muy buenas películas que han circulado por diversos festivales y que pueden verse sin ningún costo, logrando así un evento importante para acercar este tipo de cine a la nueva cinefilia. Esta primera edición del festival online se propone como un real encuentro de culturas pero desde una perspectiva de aquello que llaman como «glocalización», el verse inmersos ante le perdida de identidad pero paradójicamente aceptando elemento ajenos o foráneos que marcar una reconstrucción, logrando nuevas influencias y nuevas identidades.

De entre las películas hemos comentado en Desistfilm:

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Papirosen de Gastón Solnicki

¿Cómo retratar a la familia sin tomar partido de sus defectos? ¿Cómo revelar las intimidades de una familia judía de clase alta de Buenos Aires sin que esos secretos caigan en el desparpajo? ¿Cómo evitar que el terror del Holocausto siga a flote pese al paso del tiempo? Gastón Solnicki graba a su familia a lo largo de un periodo de tiempo, los sigue en sus viajes, en sus reuniones, en las visitas a la abuela (configurando así una red de matriarcado ejemplar), armando así una home movie al servicio de la memoria pero también para ir a la caza de este proceso identitario que traza una ruta certera entre Buenos Aires y Lodz.

Videos caseros que van develando el engranaje familiar, acercamientos y separaciones, y donde el cineasta permanece no como testigo sino como protagonista con ese ojo que se desvive por capturar momentos, sentimientos, peleas dentro del ser judío en el exilio. Papirosen es una gran obra del montaje, pero también una valiosa película sobre cómo el cine impide renuncias sobre lo que se fue y sobre lo que se es.

A world not ours de Mahdi Fleifel

Recuerdos ensamblados en un relato sobre la pertenencia a partir de la memoria, nostalgia y recuperación del tiempo perdido dentro de un campo de refugiados palestinos en Líbano. Mahdi Fleidel monta diversos home videos a lo largo de quince años, y atrapa con su cámara tomas de su regreso luego de varios años al refugio de infancia, ya como forastero y extraño. Las reminiscencias de niñez, los viajes y éxodo con su familia a Dinamarca, el regreso al campo para acercarse a su familia materna y paterna, a visitar a los tíos, abuelos, amigos que no han tenido la suerte de él son el meollo de este documental intimista sobre los palestinos sin hogar, alienados por el fútbol y la violencia, y que bajo el ojo de Fleidel cobran una dimensión de pérdida desde dentro.

Fleidel no solo construye un relato sobre su familia en Ain al-Hilweh, sino que a partir de esas vivencias hilvana asociaciones que tienen que ver más con el sentido de arraigo y la impotencia, y con algo mucho más grande, con los sentimientos encontrados siendo parte del conflicto palestino-israelí. Pero no trata con su A world not ours de hacer o construir “víctimas”, al contrario, para Fleidel hay seres sobreviviendo mientras la vida sigue su curso: bodas, festividades, gritos en medio del Mundial de Fútbol, o simples conversas de sus amigos sin trabajo y queriendo salir del campo. Este territorio, y que como recuerdo infantil Fleidel define como una suerte de Disneyworld, sublimada, paterna, de cobijo y alegría, va cobrando el “spleen” del personaje que se retrara con mayor precisión, el del amigo renegado de la OLP y del Fatah, que vive una depresión que el cineasta logra captar en progresión.

A world not ours nos arroja al corazón de Ain al-Hilweh, allí donde los ancianos mantienen aún el deseo de regresar a la tierra prometida, y donde los jóvenes lo olvidaron todo. Fleidel logra un testimonio en primera persona conmovedor, tanto por su mirada de extranjero como por mostrar a una serie de personajes ambivalentes, que a pesar de todo viven con el sueño del retorno y la afirmación.

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Vers Madrid – The burning bright de Sylvain George

Después de seguir inmigrantes ilegales por tres años en Calais, Francia, el trabajo de Sylvain George sería altamente considerado entre críticos de cine: De hecho, su díptico Qu’ils Reposent En Révolte (Des Figures De Guerre) y Les Éclats (Ma Gueule, Ma Révolte, Mon Nom), dos filmes mejor entendidos como un trabajo solo e individual, fueron trabajos esenciales del factor humano representado por estos ciudadanos indocumentados, el asunto de la inmigración puesto debajo del ojo de la lupa. Su opción estética, en el cual un blanco y negro altamente contrastado enfatizaba las caras y gestos de esta gente, se volvió casi un manifiesto. En realidad fue un manifiesto, desde el mismo nombre de su productora, Noir (Negro) Production, hasta la representación que escogió tomar en sus sujetos de estudio.

Con Vers Madrid (The Burning Bright!), George nuevamente decide apostar por este estilo particular. Pero ya no estamos más confrontados a la realidad dura de los inmigrantes, que quemaban sus huellas digitales para permanecer anónimos frente a la policía, frente a otras atrocidades que se mostraban desnudas al ojo y que representaban realidad claras, enfáticas y terribles. Vers Madrid maniobra con otro caso menos en foco: las manifestaciones pacíficas de la juventud española de Mayo del 2011, movimiento que fue después conocido como el 15M. Uno puede sentir los tonos políticos de este trabajo: Sylvain George deja de ser un simple observador de una realidad cruda que es descrita con talento y compromiso por la verdad; aquí, el director se compromete con el movimiento alrededor suyo. Y así como el movimiento de la revuelta fluye, así fluye el film de casi dos horas y media.

Hay una sensación de caos que resulta de todo ello. Uno podría decir que este es un esfuerzo mal enfocado que erra sin resolverse así mismo, pero en realidad, estaríamos escapando del punto, pues el factor central es que el mismo 15M fue errático y caótico en su propia concepción. Vers Madrid funciona como un reel de noticias, como un documental informativo de uno de los movimientos más grande de este siglo en todo su problema, caos, disfrute, frustración, radicalización y desesperación. Hay algo esencial que ocurre en estas manifestaciones y es lo que George trata de encontrar, la esencia pura de la revuelta. Durante el viaje, en distintas fechas, somos observadores de una comunidad que parte de una revolución pacífica y es prácticamente forzada a radicalizarse. Es algo inspirador y a la vez decepcionante de ver.

En su búsqueda, Vers Madrid se sostiene como uno de los documentales esenciales del 15M, un manifiesto de fortaleza política de un cineasta comprometido

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Mapa de León Siminani

Pertenece a un tipo de películas que viene cobrando atención tanto de cineastas como espectadores: el diario personal e íntimo, la autobiografía. Si bien Mapa tiene virtudes que parten de la capacidad de ironizar con la idea de la falta de creatividad (no sé cuántas películas haya sobre un cineasta que no sabe qué filmar, qué hacer, qué decidir), este punto también puede ser, paradójicamente su defecto, para quienes estamos acostumbrados a afrentas menos sinceras sobre esa carencia. Tomar el acto de hacer cine como el proceso de tener un lienzo al frente y hacer oficio de descartes, borrones, posibilidades resulta una buena comedia, pero que reprime el otro lado del cine, el de la emergencia de sucesos, del mismo acto de filmar dentro de lo no planificado (como sucede en un polo opuesto con Los Ilusos de Jonás Trueba).

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Kinshasa kids de Marc- Henri Wajnberg

Esta película franco belga tiene todas las características de lo que se denomina como pornomiseria: la pobreza como vehículo para el espectáculo, personajes marginales haciendo gala de su orfandad social, ausencia del Estado, y sobre todo, el ojo atento a captar todo lo peor de sus personajes. Marc- Henri Wajnberg tiene la intención clara: ser el extraño que graba en medio de la tugurización, y que no evita que las personas filmadas lo llamen «el hombre blanco con la cámara» mientras los otros intentan quitarle algunos euros. Así va difuminando el límite entre la realidad y la ficción, aunque es claro que Wajnberg cuenta un relato organizado: seguimiento a un grupo de niños de la calle, sin hogar, que del hurto pasan a formar parte de un pequeño grupo musical.

Como en Rebelle, estamos en el Congo, pero ahora en su caótica capital, sobrepoblada, llena de basura, donde los habitantes sobreviven en medio de la droga, la promiscuidad y el robo. La cámara en mano de Wajnberg va exotizando los espacios, pero desde la podredumbre y el caos, como aquella secuencia donde una muchacha da de lactar a un bebé mientras a su alrededor otro grupo de mujeres fuma marihuana y vende alcohol. Pero como es necesario una luz de esperanza, Wajnberg planifica una salvación: que los niños encuentren en la música un modo de supervivencia.

Siete niños que roban, que duermen en las azoteas, a la intemperie, que visten harapos, conocen a un músico que los orienta a tocar instrumentos reciclados y prepararse para grabar un disco. La cámara los acompaña en los ensayos, en la búsqueda de trabajo por las calles sucias, en sus juegos y bailes, sin embargo, el ojo que filma no puede librarse del estigma de la falsedad, de ir armando un halo de verosimilitud en un entorno que luce más misero que nunca, enfrascando a África en el lugar que casi siempre le dio Occidente, en la espalda del mundo.

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Correspondences de Jonas Mekas y José Luis Guerín

Esta serie de “correspondencias fílmicas” que incluyen tambien notables episodios con Naomi Kawase, Isaki LaCuesta, Albert Serra y Lisandro Alonso, respectivamente , fue una notable iniciativa de INTERMEDIO para poner en contacto a realizadores de distintas latitudes. El éxito de esta iniciativa fue inmenso, y esta no es una excepción: estos diarios fílmicos se ruedan en plena realización de Guest de Guerín, mientras que Mekas realiza distintas instalaciones alrededor del mundo.Sus modos de filmar son decididamente distintos, sin embargo, la búsqueda de lo esencial resulta notable en ambas circunstancias, con el rescate del pasado que realiza Mekas de antiguos amigos frente a la observación de personajes de Guerín como la desaparecida Nika Bohinic que llevan a la reflexión sobre las circunstancias de la pérdida y la catástrofe (una carta de Guerín es filmada en Japón, en pleno trauma pos tsunami). Entre la reflexión de Guerín y la obsesión de Mekas nos quedamos con una frase del realizador lituano: «A mi alrededor están mis amigos, mi propia vida, detalles, que tengo que grabar por alguna razón. No sé lo que me empuja a ello, pero tengo que hacerlo. Debo hacerlo… Buenas noches, José Luis».

Las películas programadas aquí: http://mubi.com/programs/dialogue-of-cultures-international-film-festival/ 

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