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Por Mónica Delgado

En alguna parte del documental, Andrés Di Tella revela los mecanismos del concepto que ha construido a lo largo de esta suerte de expiación o desvelamiento de la intimidad de Ricardo Piglia. Si Piglia no quiere verse del todo desnudado a partir de la lectura o vuelta a la vida de sus diarios, donde prefiere asumirse como Emilio Renzi, su conocido alter ego, Di Tella hurga en material reencontrado para difuminar la posibilidad de un registro de lo real. Si Piglia se ve reticente a indagar más en la naturaleza de esos diarios – algunos datan de cuando tenía 16 años, llena de frases de vivencias inventadas, según el escritor-, Di Tella se aproxima a una reconstrucción de la memoria desde la reapropiación, como si apenas fuera necesario imprimir un sello actual o personal de la mirada de un escritor que regresa a los fueros familiares. Di Tella menciona desde la voz en off que ha utilizado ese procedimiento como un mecanismo que evoca al collage, a esa dispersión del tiempo y a la naturaleza misma de la ficción, y que en suma han construido el universo fronterizo entre realidad e invención, entre Renzi y Piglia. La poética de la frontera difuminada se hace evidente.

¿Por qué es necesario aclarar este recurso?, ¿por qué revelar la magia del trasfondo de esa idea del montaje? Porque hay una necesidad también del cineasta en fijar una estética que permita la reconstrucción de la memoria, la del escritor y la de su tiempo, que luce dislocada, en crisis, en pleno ejercicio de neurosis (como la inquietud que asoman en las imágenes del hermano del Che Guevara), salpicada de momentos en apariencia dispersos o difusos, pero que van concatenando más que una simulación de recuerdos o realidad, un estado de entendimiento selectivo del pasado. No hay intención de recrear un tiempo, sino medir quizás algo del espíritu que aún permanece en esos diarios y que aún el espectador no puede leer.

Pero no todo es reapropiación o footage en 327 Cuadernos. Existe una lectura de a pares, es decir de dos formas en apariencia disociadas que se van a ir conjugando o reasociando esta idea del registro de los días. Por un lado, el escritor que retorna, y por el otro, el cineasta que descubre su materia de filmación; está la realidad reconstruida, y está la realidad actual captada a partir de momentos que van a ir conformando un estado más cercano, pero que a modo de círculo, van a ir poblando más ese pasado leído que teme perderse. Y también está este juego de dobles, de Piglia y Renzi materializados como el deseo de irrumpir en el documento o la no ficción hasta lograr la disolución de las fronteras que en apariencia las divide.

En 327 Cuadernos, Di Tella evita el lugar común de la representación del diario. El objeto son los cuadernos, pero la narrativa en la que son explorados van en otro camino. Es más bien encontrar un ángulo del registro de un tiempo y su reemsablaje, y la posibilidad de acoger la medida de lo real desde la ficción misma, desde esos relatos de días cuyo autor parafrasea y reinventa.

Película de inauguración TransLab

Dirección: Andrés Di Tella
Guión: Andrés Di Tella
76 min – Color – Documental
Año: 2015

desistfilm

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