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CANNES 2016: SOBRE EL PALMARÉS

Por Mónica Delgado

Son muy pocos los festivales que hoy en día premian al cine, lo que resulta paradójico, ya que por encima de cualquier estética o puesta en escena, lo que se suele premiar son las líneas políticas o editoriales de quienes organizan o programan las competiciones, antes que a una buena o gran película, y en el peor de los casos, se suele premiar a los temas, a los grandes mensajes que buscan enfatizar o aleccionar sobre algún tipo de problemática social, o también ir por el lado de la corrección política.

El caso de Cannes es ya conocido: en los últimos años se han premiado films que han estado a tono con algún tema de contexto mundial o europeo, cabe recordar la lamentable premiación de Fahrenheit 9/11 de Michael Moore, la cumplidora El viento que acaricia la cebada de Ken Loach, o de la irregular Deephan de Jacques Audiard premiada el año pasado. Que entregaran la Palma de Oro a Winter Sleep de Nuri Bilge Ceilan o a una película de Apichatpong Weerasethakul no fueron casos extraordinarios, sino que respondieron a la sensibilidad de un jurado, un grupo cuya composición dispar propicia que cada antesala a la ceremonia de entrega del palmarés sea prácticamente como la ansiedad ante un cruento film de horror.

Lo que pasó en esta premiación de la edición de Cannes 2016 quedará en la historia como el capítulo de un sacrilegio, sobre todo porque este año se tuvo una programación de competencia oficial con por lo menos media docena de películas entre obras maestras y notables, a diferencia de lo visto en años anteriores donde primó lo irregular e incluso malo, todas ellas ninguneadas por el jurado presidido por George Miller. Que haya ganado la Palma de Oro I, Daniel Blake del veterano Ken Loach,  una film plano con alma de telefilme, solo puede significar un atentado contra el cine, y porque no, contra el “gusto” de la crítica, que daba como favoritas a Elle, Toni Erdmann, Paterson o Sieranevada. Casi una declaración de guerra.

Pero qué es lo que primó para que ganara un film como el de Ken Loach. En definitiva un asunto de corrección política, porque el festival más glamouroso y caro del mundo también necesita dar un aporte “crítico” al periodo de crisis económica y social que viene viviendo Europa, y hacerlo dentro de un buen contexto y discurso. Sin con Deephan saldaban cuentas con el tema migratorio y de convivencia pacífica, con I, Daniel Blake, se pone en advertencia lo que se viene haciendo con la seguridad social en agravio de miles de obreros y clase trabajadora, la más afectada por la situación actual. Así, Cannes se convierte en un espacio ideal de demandas por tratarse de un foco de atención importante más allá del mismo showbiz. No es casual pues que Pedro Almodóvar no haya hablado nada de los Panamá Papers en España, pero sí se regodeó en el tema en entrevistas en la Costa Azul o en París, señalando que “Ojalá cancelen, anulen y se extingan todos los paraísos fiscales que existen en el mundo”. Sí, claro.

Este palmarés a Ken Loach nos deja preocupados, porque sobre todo nos grita en la cara que el festival más importante del mundo, no tiene la necesidad de premiar películas, sino temas, o al denominado síndrome del “cine necesario”. El cine queda un poco huérfano con este tipo de premiaciones; y la ventaja es que las grandes películas que se presentaron en el festival seguirán brillando en lo que queda del año, y salvado al cine, ante todo.

Cannes 2016Palma de Oro 2016

desistfilm • 23 mayo, 2016


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