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Por Mónica Delgado

El Covid-19 logró lo que no pudo nadie: romper el aplastante ciclo del marketing cinematográfico que había gobernado la prensa y parte de la crítica en el Perú. Es como si de pronto el objeto de los comentarios, notas, podcast o videos quedara en el aire. Quedaron fuera de campo las avant premiere, las funciones de prensa con sanguchitos, las notas sobre los Oscars, los jueves de estrenos, los rankings de cuál fue la más taquillera o las entrevistas a estrellas de Hollwood en Los Angeles pagadas por las majors. Y de pronto, se dio paso a los filmes que en otras circunstancias no hubieran llegado con facilidad al consumidor peruano ni al gusto de la misma prensa. Recordemos que este sistema de marketing redujo al cine como un mero entretenimiento, convirtió a los consumidores en «cinéfilos» y al cine mundial en eco de la única agenda de las grandes transnacionales de distribución y de las cadenas de multicines.

La difusión del cine de cartelera no es el problema, pero sí que haya sido por años el único circuito difundible en medios de comunicación, sobre todo masivos, que se desentendieron de lo que viene pasando dentro del cine peruano, latinoamericano y en el contexto internacional. Ya están en el pasado, al menos por unos meses más, los programas de TV de señal abierta dedicados a veinte minutos de comentarios de trailers de films en estrenos, aunque hay rezagos de frivolidad aún cuando encontramos notas dedicadas a traducir la ansiedad de esta crisis en una lista de los mejores films hollywoodenses del aislamiento.

Pero este viejo círculo de marketing, que comienza con las grillas de estrenos hechos en EE.UU. para la región (y el universo), -donde a veces hay espacio para los estrenos de cine peruano independiente-, no ha mutado en algo mejor. Más bien el síntoma presente se ha volcado a un «descubrimiento» del cine que aparece en el Internet, con unos quince o más años de atraso. Como si de pronto el cine de video on demand, el torrent (hasta se ofrecieron clases de cómo bajar películas en tres pasos), los links de Vimeo o Youtube se pusiera en bandeja para ser, por fin, comentado. Estamos en una situación forzosa y dramática, sí, pero que podría propiciar un respiro a este monopolio ideológico de que la cartelera es lo único que existe, pero también para brindar a los lectores/espectadores otras vías para acercarse al cine que no llega a las carteleras (sobre todo, jóvenes de la era del TikTok).

Hace unas horas, el premier peruano Vicente Zevallos anunció que «todas las actividades  sociales públicas y privadas van a quedar postergadas de manera indefinida, debido a las disposiciones de distanciamiento físico dispuestas por el Gobierno para evitar la propagación del nuevo coronavirus», entre ellas, los multicines. Estas decisiones suponen para este sector del periodismo cinematográfico peruano un reto, en la medida que urge una reinvención, para escapar de este corsé en un cuerpo famélico, y lograr romper esas barreras que han confinado al cine solo como un objeto de consumo, cuyo fin solo es entretener con cancha y gaseosa que valen más que la entrada.

Escribir sobre cine no debería estar al servicio de fortalecer solo un único circuito de consumo y ganancia. Esta crisis de emergencia sanitaria ha dejado en evidencia la fragilidad y precariedad de un sector audiovisual, y que los medios han ayudado a invisibilizar, incluso cuando se discutió el tema de la nueva ley. Por ello, cuando en Twitter se afirma que el cine peruano es malo, de calatas y frases soeces es porque es un reflejo de la poca información también que se ha brindado, del escaso interés no solo por los films locales, sino por la situación en la que se realizan, distribuyen y exhiben.

desistfilm

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