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Por Mónica Delgado

La experiencia de ver cine en casa en tiempos de pandemia ha dinamizado el acceso a películas, nuevas y viejas, ya sea vía plataformas VOD, Youtube o torrents. Esta práctica también ha propiciado el fortalecimiento de un visionado fragmentado, disperso, solitario, donde no se le suele dar mucha importancia al acto mismo de ver un film, es decir con las condiciones mínimas que apenas se garantizan, a tal punto que se puede ver desde la pantalla de un celular, una tableta o una TV de 40 pulgadas con mucha calidad, pero donde quizás un elemento importante del cine queda subvalorado o ignorado: el sonido. No es lo mismo el sonido desde dispositivos caseros, que aquel que surge gracias a la tecnología de las salas de cine. Si hay una pérdida significativa en la experiencia del cine, es esta.

Tampoco es patente de esta pandemia que el sonido sea solo considerado como algo accesorio, un anexo de la imagen. Es más bien un sentido común el hecho de dejarlo de lado al momento mismo de disfrutar un film, o al momento de recordarlo o comentarlo. El sonido visto como un adorno del aspecto visual, de la imagen misma es la regla. Pero, ¿podríamos recordar escenas famosas de la historia del cine o de nuestra memoria sin esos sonidos?

Hace poco volví a ver Martha (1973), la película para la televisión de Rainer W. Fassbinder, sobre una joven que se casa con un maltratador sádico, que funciona como una lectura especial sobre la premisa “lo personal es político”, ya que se trata de una fábula muy oscura sobre la intromisión del fascismo como monstruo patriarcal en las esferas familiares e íntimas. En la escena en la cual Martha conoce a su futuro marido, Helmut, Fassbinder emplea de modo muy creativo el sonido: ella baja de un taxi al llegar al hotel, mientras él sale del hall interesado en tomar ese mismo taxi. Ambos se miran siendo desconocidos, se acercan para cruzarse, y en ese momento la cámara de Michael Ballhaus utiliza el recurso del plano de 720° para simbolizar esa atracción o “flechazo”. Tras el encuentro, Martha se detiene y ve alejarse a Helmut, con paso marcial, acción que es enfatizada por Fassbinder con un detalle sonoro: pasos enérgicos de una marcha militar. Un recurso para anticipar la naturaleza autoritaria del personaje. Sin ese recurso, la escena hubiera perdido bastante, ya que propone un desencantamiento, la posibilidad de una huida que Martha no toma en cuenta. Es como imaginar Apocalypse Now! sin el ruido atosigante de las hélices, o imaginar Hereditary sin el chasquido con la lengua que hace uno de los personajes.

Menciono estos ejemplos de detalles en los sonidos ya que son importantes en la puesta en escena del film, en el montaje, en la construcción del imaginario de los personajes. Además, porque ayudan a desprender el sonido de la hegemonía de los diálogos, de lo verbal. O a ponerle atención más allá de los soundtracks o bandas sonoras.

El sonido es indisociable de la imagen en las películas, ya sea documentales o ficciones, porque permiten extender esta verbalidad, pero además logran aspectos espaciales puntuales, como altura o profundidad, que en la mayoría de veces se trabaja y afina en las casas de posproducción. Y más aún en los trabajos experimentales, donde tiene una función indispensable, ya que es usual encontrar una preocupación o motivación constante desde esta relación entre imagen y sonido, que es pensada y repensada, incluso desde el ruido, silencios y demás ausencias.

Recuerdo también el término acuñado por Michel Chion, el de “audiovisión”, ya que si bien pareciera que el cine monopolizara nuestro sentido de la vista, suele generar sensaciones en nuestra percepción auditiva. En su ensayo La audiovisión. Introducción a un análisis conjunto de la imagen y el sonido (1993), Chion sostiene que “…en la combinación audiovisual, una percepción influye en la otra y la transforma: no se ve lo mismo cuando se oye; no se oye lo mismo cuando se ve (p. 11). Si es tan inseparable, ¿por qué se suele obviar, sobre todo de los análisis o valoraciones de los films?

Esta larga introducción me permite darle un marco a mi experiencia como espectadora tras el visionado en casa de la película peruana Manco Cápac (2020) de Henry Vallejo, y que tuvo su estreno local en el marco del Festival de Cine de Lima. Si bien el film no huye de tópicos usuales del realismo o del comentario sociológico usuales en el cine peruano al tratar un tema como la identidad migrante, se plantea como una “picaresca” en tono seco y de sutil humor, con un inicio respetable y un desenlace con sorpresa, pese a algunos baches argumentales y de montaje. Sin embargo, el descuido del registro y montaje sonoros me arruinó muchos momentos de la película: registro directo con problemas que no han sido solucionados en la mezcla final, ruidos que aparecen de pronto con los diálogos, enunciados que se oyen apagados o altos por momentos, ambiente con sobresaltos, falta de continuidad sonora entre escena y escena (igual con el matiz fotográfico entre escenas). Y no se trata de un caso aislado, ya que es marca de muchas obras peruanas que se autodenominan “radicales” o “indies” de los últimos años, el desinterés en aspectos técnicos esenciales a cualquier trabajo que quiera llamarse cine. Y quizás en estas obras indies o de guerrilla, esta cualidad de sonido sucio y descuidado podría resultar inherente, consciente o no, a una propuesta que busca despegarse del modo convencional del quehacer cinematográfico: realizadas entre amigos, incluso hechas sin un sentido elemental de la iluminación, sin un trabajo de post. Incluso hay festivales locales donde este aspecto no parece incomodar, así los espectadores se queden sordos ante tanto salto o ruido inesperado. Considero que esto no debe aplicarse a un film que tiene ambiciones festivaleras, donde se requiere un mínimo estándar de calidad, o que obtiene fondos públicos, lo que exige un mínimo de calidad también, ya que el fin de este apoyo busca promover la producción y desarrollo del sector, al fomentar el trabajo profesional y el crecimiento de las empresas productoras.

En 2014, Manco Cápac recibió 400 mil soles para su producción tras ganar el concurso para obras regionales, organizado por el Ministerio de Cultura. Ya en 2020, y viendo el resultado del film, considero que es notoria la carencia del aporte de un director de sonido, una mezcla profesional y trabajo de postproducción. Me parecen cuestiones básicas para cualquier película. Si vemos los créditos, confirmamos que se trata de una producción familiar, en la que los hermanos Vallejo se hacen cargo de las distintas áreas, como de alguna manera pasó con Wiñaypacha. Más allá de los saberes o conocimientos que pueda haber en las familias, creo que es necesario otro aporte profesional.

Más allá de estos descuidos, que no he encontrado en las otras películas peruanas seleccionadas en el festival, me preocupa que sean pasados por agua tibia por programadores, asesores, o directores artísticos de los festivales. Sí me sorprende que estos problemas técnicos, que revelan una carencia estructural de gran parte del cine peruano, sean también ignorados en los comentarios leídos en estos días. Confirman la dependencia del periodismo y la crítica a los temas que se narran en los films, como si el cine se redujera a las historias, argumentos, o trayectorias de los personajes, y no como una experiencia total donde confluyen otros elementos relevantes. Quizás esto se deba a un paternalismo enraizado en torno al cine realizado fuera de Lima, que nos hace reducir las categorías de análisis a niveles mínimos. ¿Si llegara así una película de Nolan o de Tondero, con esos problemas de sonido, la pasarían por alto? 

Para promover el desarrollo del cine peruano en general, y que se busca lograr con esta nueva ley sobre todo, es importante confiar en el saber y experiencia de los distintos profesionales de este quehacer, tanto de Lima como de regiones. Por ejemplo, no es gratuito que en el área de sonido trabajen microfonistas, editores de diálogos, directores de sonido, compositores, expertos en efectos, en foley y postproducción de audio, mezcla, etc., y que al final esa experiencia no cuente para nada.

desistfilm

2 Replies to “CINE PERUANO: LA DEFENSA DEL CUIDADO SONORO”

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