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BAFICI 2016: LA LARGA NOCHE DE FRANCISCO SANCTIS DE ANDREA TESTA Y FRANCISCO MÁRQUEZ (SPA)

Por Pablo Gamba

El estreno de La larga noche de Francisco Sanctis, en la competencia internacional del Bafici, ha cobrado relevancia por la selección de la película argentina para la sección Una Cierta Mirada del Festival de Cannes.

También puede ser significativo que casualmente se haya dado cerca del estreno en cines de la remasterización de La historia oficial (1985) de Luis Puenzo, un filme que fue importante para afrontar el problema del silencio y la pasividad cómplice que predominaron hasta casi el fin de la dictadura que hubo en ese país entre 1976 y 1983, con una historia que se desarrolla en vísperas del restablecimiento de la democracia. La película de Andrea Testa y Francisco Márquez, basada en la novela homónima de Humberto Costantini, se ocupa de la misma cuestión pero en el momento en el que hay que actuar para no tener que arrepentirse y hacer enmiendas después: una noche cualquiera de 1977.

El protagonista es un empleado pusilánime y padre de familia, que no está metido en política, a quien una excondiscípula le da una información que puede salvar a dos militantes de ser secuestrados y “desaparecidos” por agentes de la dictadura. Fue algo de lo que se enteró por circunstancias de la vida, y lo escoge a él porque es una persona que sabe que tuvo simpatías por la izquierda revolucionaria. Le da dos nombres y una dirección. El operativo será esa noche.

La dictadura se hace sentir en la película por el aislamiento que causa el miedo. Hay un sarcasmo con eso, cuando en la radio se escucha esa canción en la que Roberto Carlos dice que quiere tener un millón de amigos. El correlato visual es la combinación del formato de pantalla ancha y los planos cerrados, por una parte. La manera de filmar también sumerge al personaje en sí mismo, de espaldas al espectador incluso, en los travellings de seguimiento, contrastado con fondos fuera de foco. El sonido subraya la atmósfera de tensión, con el ruido de perros que ladran o el de un taxi al desplazarse por un puente de hierro, por ejemplo. La sensación de opresión es transmitida, además, por una paleta de desagradables tonos amarillos y marrones. En la estrechez de la casa del protagonista, en el cargado ambiente del trabajo y en los rostros de quienes viajan en un colectivo, sobre todo, se percibe el peso de la situación social. La frugalidad de la producción se conjuga con el buen tino para esos detalles.

La larga noche de Francisco Sanctis puede ser considerada como una sinécdoque, aunque no de la Argentina de ese momento histórico. Lo es de toda la vida del protagonista, que en una noche debe confrontarse con el mismo deber moral que ha evadido y evade, con la excusa de las responsabilidades familiares. Las vacilaciones, además, le llevan a adoptar, una y otra vez, un punto de vista similar al de quienes vigilan a los presuntos subversivos y un comportamiento análogo al de los perseguidores. Es una manera de hacer ver que no hay temporadas de grandes decisiones, luego de las cuales la suerte está echada. La responsabilidad de elegir lo correcto se presenta continuamente en la vida, junto con los miedos y las distracciones que derivan en complicidad, en situaciones concretas que son como son, no como se quisiera que fueran.

Competencia internacional

Dirección y guion: Andrea Testa y Francisco Márquez.
Fotografía: Federico Lastra.
Edición: Lorena Moriconi.
Dirección de arte: Julieta Dolinsky.
Sonido: Abel Tortorelli.
Elenco: Diego Velázquez, Laura Paredes, Valeria Lois, Marcelo Subiotto, Rafael Federman.
Argentina, 2016, 76 min.

Andrea TestaBaficiLa larga noche de Francisco de SanctisUna cierta mirada

desistfilm • 16 abril, 2016


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